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HOMENAJE A LOS MAESTROS
José Antonio
Marina lo dice de un modo magistral y
contundente en el artículo que adjuntamos a
continuación. Angélica Olvera lo resume en una
frase: Sólo un corazón agradecido puede
aprender". En las Jornadas se dieron las
condiciones para que ese homenaje se mostrara.
El beneficio fue para todo el sistema.
Que padres y
alumnos den las gracias a sus profesores en la
mejor manera de invertir en acciones para el
aprendizaje y para la vida.
Entre los
componentes del Coro Vegazana hay un numeroso
grupo de maestros. Entre ellos Flor García
Iglesias tutora en
Educación Primaria y Juan José Gil García (Inglés), fueron
dos de los profesores de Daniel García Rodríguez.
Los padres
les dicen poéticamente a los maestros: "Gracias
por enseñarle a nuestro hijo lo que nosotros no
podríamos haberle enseñado, siempre os
llevaremos en nuestros corazones" y el hijo
les dice: "Gracias por haberme enseñado lo
que mis padres no pudrían haberme enseñado,
siempre estaréis en mi corazón".
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Homenaje
a los maestros - Artículo del filósofo
español José Antonio Marina.
“De los recuerdos de nuestra
infancia emerge siempre la clara figura de una
maestra o de un maestro, con quien tenemos
pendiente una deuda de gratitud. Suele ocurrir
que tardamos mucho en darnos cuenta de su
influencia benefactora, y para entonces aquellas
personas que sirvieron de puente entre la
familia y la sociedad, que suavizaron el
desamparo de los primeros días de escuela y nos
llevaron de la mano por los laberintos del
abecedario y la cultura habrán desaparecido ya
de nuestras vidas. Un homenaje al maestro puede
servir para pagar esta deuda de gratitud. Es por
ello un acto de justicia poética.
Pero también es un acto de
justicia real, porque tiene que servir para
llamar la atención de la sociedad hacia una
profesión que, por esa inversión de prestigios
que desdichadamente sufrimos, pasa inadvertida o
menospreciada. Otras admiraciones más
espectaculares nos hacen ser mezquinos al
valorar a las personas que nos enseñaron las
primeras letras, que nos obligaron, con una
conmovedora paciencia, a dominar nuestra
atención, tan propensa a irse por las nubes,
para fijarla en el encerado o el cuaderno. Para
el niño, ellos son los máximos representantes de
la cultura, y, para todos, los grandes
funcionarios de la Humanidad. Supieron hacernos
pasar de un mundo de afectos privados a un mundo
de afectos sociales, y nos convirtieron en
pequeños ciudadanos, al enseñarnos las normas
compartidas.
El maestro necesita autoridad
para poder ejercer bien su cometido, y esa
autoridad sólo puede recibirla de un generoso y
constante apoyo social. Un homenaje al maestro
se convierte así en una eficaz colaboración
pedagógica. Y también en una demostración de
inteligencia ciudadana. La sabiduría de una
sociedad, su estatura ética, se demuestra en los
modos de conferir prestigios o distinciones.
Cuando esos reconocimientos se dan a quienes no
los merecen, o dejan de darse a quien los
merecía, se produce una corrupción social, un
empequeñecimiento que a todos nos empequeñece.
Al homenajear al maestro estamos ennobleciendo
el espacio de nuestra convivencia.
A los adultos nos invade muchas
veces el desaliento ante el futuro, un cierto
cansancio de lo porvenir. Entonces deberíamos
recordar la figura del maestro, que es el
profesional de la esperanza, el incansable,
humilde y magnífico cuidador del futuro. Con la
misma tenacidad con que el árbol florece en
primavera, él volverá a enseñar que dos por dos
son cuatro. Nos convendría a todos regresar por
un momento a ese ámbito animoso y cordial. Este
homenaje puede servir también para reavivar
nuestra esperanza.
Por todas estas razones, de
justicia, de sabiduría, de propio interés,
invitamos a niños y a adultos, a padres e hijos,
a participar en un homenaje nacional e
intergeneracional al maestro”. |
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