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Cuando tenemos un alumno, un
chico que nos da mucha “lata” en el aula, es muy
inquieto, es muy difícil, los maestros muchas
veces no sabemos qué hacer. A veces lo sentimos
hasta como algo personal, y casi siempre es así,
porque ellos solamente están expresando
situaciones que ocurren en su casa. Entonces esa
relación no es lineal. Es más amplia.
Si de veras queremos interactuar
en esa realidad, tendríamos necesariamente que
mirarlo más amplio. No es que tengamos que usar
más tecnología educativa, que tengamos que hacer
el rediseño de “la currícula”, que tengamos que
utilizar de una manera más sólida la Pedagogía
Operatoria, que tengamos que involucrarnos más,
que tengamos que darles la materia, que tengamos
que hacerla más realista.
Por lo tanto hay algo más.
Requerimos también entender el contexto del
alumno, pero también el del maestro, también el
nuestro. Nosotros también tenemos una familia de
donde venimos, tenemos una historia y, si hemos
conformado otra familia, también tenemos una
familia conformada y eso actúa en el aula. No
llegamos al colegio y podemos dejar nuestra
historia en “el perchero” y ahí la dejamos
guardada. ¿Cómo entramos pues, al aula? Entramos
con toda la historia.
También, a veces los chicos,
cuando les exigimos de alguna manera, o les
pedimos cosas, también ellos piensan que es algo
personal de parte del maestro y reaccionan de la
misma manera.
Entonces, ¿que nos permite esa
mirada más amplia?,… Nos permite involucrarnos,
implicarnos en cuerpo y alma en el Proceso
Educativo, no solamente desde la mente. Es
peligrosa la Pedagogía Sistémica en ese sentido,
porque no nos va a permitir estar a medias, nos
va a dar la oportunidad de estar con toda
nuestra historia, nuestro ser y nuestra voluntad
en el Proceso Educativo.
¿Cuándo un maestro maneja a los
alumnos como quiere?,… ¿cuándo les hace mirar
las cosas prácticamente sin dificultad?,…
¿cuándo un maestro impacta profundamente en el
corazón del alumno?,… Seguramente poniendo la
intención en responder estas preguntas, nos
viene ahora mismo un nombre o un puñado de
maestros que hemos tenido. ¿Qué característica
han tenido esos maestros?,.. Seguro que han sido
maestros que estaban implicados, de los que
podíamos percibir que no estaban sólo haciendo
un trabajo para recibir una remuneración, que
había mucho más que eso. Entonces se queda esa
memoria académica en nuestro corazón y con ella,
los maestros que abrieron su corazón en aquellos
años aunque que no habían estructurado ni
entendido los asuntos académicos como lo
podemos hacer ahora prácticamente todos.
Pero también hay maestros que no
podemos abrir el corazón, que tenemos a los
alumnos y no los podemos mirar como seres
humanos con sus sistemas familiares, no lo
podemos hacer. Y, ¿qué es lo que nos tiene
cerrado el corazón?, ¿qué será?, ¿qué nos
constriñe el corazón?, ¿qué nos lo cierra?,… yo
me lo pregunto,… pues nuestra propia historia
familiar. Algo ha ocurrido con nosotros en
nuestro desarrollo que no permite que se abra
nuestro corazón de par en par.
Esta es otra área de la Pedagogía
Sistémica que se trabaja con nosotros mismos. Es
la Pedagogía de la Inclusión, es la Pedagogía
del Compromiso profundo, el compromiso con el
desarrollo de nosotros, porque cuando los
maestros crecemos como personas, crecemos en
competencias docentes; es decir, en toda la
parte de la técnica, en todos los cursos de
reciclaje, en los cursos de actualización, en
todo el trabajo de profundización de la parte
didáctica. Lo más importante es los maestros que
crezcamos como personas, porque un maestro más
desarrollado como ser humano, más sensible, más
abierto va a tener resultados mucho mejores,
porque la educación profunda llega con el
corazón antes que por la mente.
Inclusive cuando enseñamos
matemáticas, una asignatura tan árida, cuando
conectamos con los chicos, yo se lo digo porque
fui maestro de matemáticas muchos años, ellos
pueden tomar la materia, y cuando no la pueden
tomar, también a veces está actuando que los
padres no pueden tomar la asignatura porque
tienen una historia familiar previa de fracaso
con ella. El hijo, por lealtad, por amor a los
padres repite ese fracaso. Aquí aparece un filón
de oro de investigación.
Con esta mirada de la Pedagogía
Sistémica se van descorriendo los velos de la
docencia de los maestros que si solamente se
preparas en la parte técnica, son situaciones
incomprensibles y desde luego casi imposibles de
abordar y que desde este enfoque lo podemos
hacer.
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