"El éxito es mi historia" - Angélica Olvera.
                      

 

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Artículo de Ana Gaitero

"Salud y Orden en las aulas"

  (publicado en el Diario de León

el 2 de noviembre de 2010).

Entrevista a Angélica Olvera y Alfonso Malpica en la SER

Entrevista  de Chelo Costa en la Cadena SER, a Angélica Olvera y Alfonso Malpica.

 

 

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ponencia inaugural

Actualización científica de la Pedagogía Sistémica  a cargo del  CUDEC y de la UDEC de México”.

Alfonso Malpica  Cárdenas

Angélica Olvera de Malpica 

       
     
 

LA NUEVA MIRADA DE LA PEDAGOGÍA SISTÉMICA

Alfonso Malpica Cárdenas.

Cuando tenemos un alumno, un chico que nos da mucha “lata” en el aula, es muy inquieto, es muy difícil, los maestros muchas veces no sabemos qué hacer. A veces lo sentimos hasta como algo personal, y casi siempre es así, porque ellos solamente están expresando situaciones que ocurren en su casa. Entonces esa relación no es lineal. Es más amplia.

Si de veras queremos interactuar en esa realidad, tendríamos necesariamente que mirarlo más amplio. No es que tengamos que usar más tecnología educativa, que tengamos que hacer el rediseño de “la currícula”, que tengamos que utilizar de una manera más sólida la Pedagogía Operatoria, que tengamos que involucrarnos más, que tengamos que darles la materia, que tengamos que hacerla más realista.

Por lo tanto hay algo más. Requerimos también entender el contexto del alumno, pero también el del maestro, también el nuestro. Nosotros también tenemos una familia de donde venimos, tenemos una historia y, si hemos conformado otra familia, también tenemos una familia conformada y eso actúa en el aula. No llegamos al colegio y podemos dejar nuestra historia en “el perchero” y ahí la dejamos guardada. ¿Cómo entramos pues, al aula? Entramos con toda la historia.

También, a veces los chicos, cuando les exigimos de alguna manera, o les pedimos cosas, también ellos piensan que es algo personal de parte del maestro y reaccionan de la misma manera.

Entonces, ¿que nos permite esa mirada más amplia?,… Nos permite involucrarnos, implicarnos  en cuerpo y alma en el Proceso Educativo, no solamente desde la mente. Es peligrosa la Pedagogía Sistémica en ese sentido, porque no nos va a permitir estar a medias, nos va a dar la oportunidad de estar con toda nuestra historia, nuestro ser y nuestra voluntad en el Proceso Educativo.

¿Cuándo un maestro maneja a los alumnos como quiere?,… ¿cuándo les hace mirar las cosas prácticamente sin dificultad?,… ¿cuándo un maestro impacta profundamente en el corazón del alumno?,… Seguramente poniendo la intención en responder estas preguntas, nos viene ahora mismo un nombre o un puñado de maestros que hemos tenido. ¿Qué característica han tenido esos maestros?,.. Seguro que han sido maestros que estaban implicados, de los que podíamos percibir que no estaban sólo haciendo un trabajo para recibir una remuneración, que había mucho más que eso. Entonces se queda esa memoria académica en nuestro corazón y con ella, los maestros que abrieron su corazón en aquellos años aunque que no habían estructurado ni entendido  los asuntos académicos como lo podemos hacer ahora prácticamente todos.

Pero también hay maestros que no podemos abrir el corazón, que tenemos a los alumnos y no los podemos mirar como seres humanos con sus sistemas familiares, no lo podemos hacer. Y, ¿qué es lo que nos tiene cerrado el corazón?, ¿qué será?, ¿qué nos constriñe el corazón?, ¿qué nos lo cierra?,… yo me lo pregunto,… pues nuestra propia historia familiar. Algo ha ocurrido con nosotros en nuestro desarrollo que no permite que se abra nuestro corazón de par en par.

Esta es otra área de la Pedagogía Sistémica que se trabaja con nosotros mismos. Es la Pedagogía de la Inclusión, es la Pedagogía del Compromiso profundo, el compromiso con el desarrollo de nosotros, porque cuando los maestros crecemos como personas, crecemos en competencias docentes; es decir, en toda la parte de la técnica, en todos los cursos de reciclaje, en los cursos de actualización, en todo el trabajo de profundización de la parte didáctica. Lo más importante es los maestros que crezcamos como personas, porque un maestro más desarrollado como ser humano, más sensible, más abierto va a tener resultados mucho mejores, porque la educación profunda llega con el corazón antes que por la mente.

Inclusive cuando enseñamos matemáticas, una asignatura tan árida, cuando conectamos con los chicos, yo se lo digo porque fui maestro de matemáticas muchos años, ellos pueden tomar la materia, y cuando no la pueden tomar, también a veces está actuando que los padres no pueden tomar la asignatura porque tienen una historia familiar previa de fracaso con ella. El hijo, por lealtad, por amor a los padres repite ese fracaso. Aquí aparece un filón de oro de investigación.

Con esta mirada de la Pedagogía Sistémica se van descorriendo los velos de la docencia de los maestros que si solamente se preparas en la parte técnica, son situaciones incomprensibles y desde luego casi imposibles de abordar y que desde este enfoque lo podemos hacer.

EL ÉXITO ES MI HISTORIA

Angélica Olvera de Malpica

Quizá nosotros como docentes hayamos pasado por diferentes movimientos de renovación pedagógica, ¿no es cierto?. Hemos buscado muchísimas herramientas didácticas, metodologías maneras de hacer que se construya, se capte, se perciba, el conocimiento. Lo hemos visto. ¿Y cómo nos sentimos después de ver que no funciona? Buscamos otro movi-miento de renovación pedagógica porque el pasado no sirvió. Y también decimos que es culpa del método, es culpa de que no miró este asunto y este… Pero si nosotros miramos cada parte de los movimientos son y han sido valiosísimos e importantes.

¿Entonces de qué se trata en la Pedagogía Sistémica? Se trata de incluir todos los movimientos. Todos han sido importantísimos, son nuestra historia. ¿Y saben cuál ha sido el éxito? El éxito en el aula ¿saben cuál es? El éxito es su historia. Ese es el éxito, su historia. Cuando el éxito es mi historia lo que a mi me ocurrió como ser humano, lo que he aprendido. Entonces ¿qué hacemos de nuestros alumnos? Cada historia un éxito. Porque entonces miramos lo que ha sido exitoso para ellos. Y para muchos de nuestros alumnos el éxito es haber sobrevivido. Y si nosotros miramos que ese éxito es el más importante: cómo ha llegado al aula, como ha sobrevivido, si viene de otro país, de circunstancias difíciles… Lo más importante, el éxito más grande es que esté ahí  sentado en el aula. Y si miramos esto, si partimos que el éxito es su historia, le sacamos jugo, le sacamos jugo a su historia, le sacamos jugo a nuestra historia y tenemos muchísima tela de donde cortar.

¿Cómo mirar nuestra historia como un éxito? Diciendo sí, a sí ocurrió, así pasó y ahora lo puedo mirar de esta manera.

Miren acaba de estar una investigadora que está trabajando un movimiento en la escuela con nosotros y yo tuve una conversación fuerte. No vamos a cambiar el mundo ¿quién va a cambiar el mundo? ¿Yo, tú? Conmigo no cuentes porque es algo imposible. Lo que podemos hacer es transformar la parte en donde estamos nosotros funcionamos. Le dije: ya mi parte heroica se quedó atrás. Porque la  parte heroica es la parte adolescente. ¿Cómo somos los que todavía tenemos resabios adolescentes? Somos heroicos. Vamos a hacer esto, vamos a cambiar el mundo, vamos a hacer acá. Si somos parte de un sistema enorme, somos un pedacito. Vamos a ver qué es lo que sí podemos hacer.

Y luego le dije, bueno porque realmente hemos tenido una pedagogía de exclusión, la pedagogía ¿campo de exclusión o campo de inclusión? La familia ¿campo de exclusión o campo de inclusión?

Si los chicos saben matemáticas entonces ya son inteligentes por antonomasia. Ahora resulta que hace unos años yo hice una declaración, una declaración con-tundente cuando me preguntaron por los niños índigo, niños cristal. Mi respuesta fue que no hay tales, por supuesto que no hay tales. Es una exclusión de los niños. ¿Cómo entrar si ya soy un niño índigo? Soy un niño índigo. Ahora ¿qué hace el maestro con un niño índigo? O soy un niño cristalito, no me toques. Si porque yo soy mejor que muchos, no me toque. Esto es un producto mercadológico que excluye. Es como dicen en mi país “una gringada”. Hacen gentes superinteligentes que ya están en el aula y hablas con ellos: tranquilos. O soy un niño con TDH con trastorno por déficit de atención con hiperactividad, por si querías más. Y entonces trátame como eso. Imagínense que nosotros los maestros lo permitimos.

Pues no señores. Aquí los niños no atienden por algo,  y vamos a buscar porque no atienden y aquellos niños tienen habilidades por algo y vamos a aprovechar esas habilidades que tienen y se acabó el asunto.

¿Quién tiene que decir esto? Pues nosotros los maestros, nosotros, los docentes tenemos que ocupar nuestro lugar. Porque yo tuve muchos años chicos enfrente del aula principalmente 13, 14, 15. 16, 17 y 18 años, por eso a mi no me vengan a contar. Y fueron muchos años desde la siete de la mañana, me duchaba a las seis y media  iba con el pelo empapado a dar química y todas las veces iba buscando como los chicos aprenderían mejor la química que amo con locura.

Entonces ¿de qué se trata esto? Se trata de que ocupemos nuestro lugar y de que digamos ¿qué es lo que verdaderamente está pasando en el aula? Y que si los chicos tienen trastornos por déficit de atención que quiere decir que no ponen atención en el aula porque lo que estamos mostrando en el aula no es interesante, no porque no sea interesante sino porque no les interesa a ellos porque su atención la tienen en algo más interesante que lo que les estamos enseñando en el aula.

Y ¿qué es lo más interesante a lo que miran nuestros alumnos? ¿A dónde tienen su atención nuestros alumnos? A sus padres, a la familia es adonde está su atención. ¿Qué le pasa a papá? ¿Qué le pasa a mamá? ¿Cómo están actuando? Si se pelean, si se divorcian, si trabajan, si no trabajan, si se llevan bien con los abuelos. Están arreglando toda la relación de los padres con los hermanos, con los abuelos, con todo el mundo.

Tienen tanta tarea los chicos fuera de la escuela.

 


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